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ANGEL DEL SILENCIO 2_edited.jpg

FAMILIA

LA SAGRADA

AUTOR: Jesús E. Huertas Fernández

TÍTULO: "LA SAGRADA FAMILIA"


TÉCNICA: Instalación - Modelado, talla, y ensamblaje en oasis verde floral, recolectado del cementerio central de Popayán, tallos de flores
y varillas en acero inoxidable de diferentes calibres (Austenítico Quirúrgico).

DIMENSIONES: variables (los fragmentos de cuerpos son a escala natural)
2016 - 2018

Por voluntad del espíritu me permito reinterpretar lo sagrado: 

 

“LA SAGRADA FAMILIA” es una imagen contrastada en el contexto colombiano, que si bien tiene sus raíces simbólicas y sagradas en la religión católica, esta alegoría es el punto de partida para crear una versión opuesta que se desprende los desplazamientos, el exterminio paulatino de las familias que han sido victimas del conflicto armado, las persecuciones, una familia que sufre ausencias, integrada por la gran familia afrodescendiente, indígena, mestiza y de blancos...  muerta en vida. 

 

La instalación esta pensada como medio catártico para exorcizar el dolor, romper el silencio, señalar las barbaries y enterrar de manera simbólica el trauma de la guerra. Es una obra dedicada a la memoria trágica colombiana, sin claros oscuros, limpia, donde la luz abre al máximo su espectro para iluminar la perversidad humana. En “LA SAGRADA FAMILIA” la luz permite debelar lo que la oscuridad esconde y lo que la mirada humana se niega a ver o no desea ver; es la función de la luz, iluminar a la oscuridad.

El material de construcción en éste trabajo es un subterfugio tridimensional para abordar la memoria, en este caso, el oasis verde floral recolectado del cementerio (en el cementerio existe un espacio que esta destinado para los desperdicios y basura) lleva casi instintivamente a recordar las flores que fueron objeto de ofrenda; no obstante, más allá de lo que el oasis despoblado pudiera evocar, lo primero que vino a mi mente fue la reflexión del objeto ceremonial como testigo de un florecimiento y posteriormente de un desierto. En un segundo momento, casi simultáneo; la imagen que me ofrecían las montañas de oasis maltrechos, machados y perforados, en forma de corazones, cubos, círculos y rectángulos, era y es la de de fragmentos de piernas, dorsos, brazos, hombres y mujeres vomitados, violentados hasta el cansancio, que indudablemente me llevo a recordar las masacres, hornos crematorios y las fosas comunes; era como una especie de infierno lleno de sufrientes, la cual la instalación recrea; una escena después de un fusilamiento y acto de tortura...  Las marcas de los tallos de la flores en el oasis (los huecos), daba la impresión de casas y ciudades  bombardeadas (imágenes satelitales), ruinas de guerra y ruinas dejadas por la colonización, o como si alguien hubiera disparado insistentemente sobre ellos.

El oasis recolectado del cementerio es un material que posee la cualidades poéticas creativas, a la hora de repensarnos de manera intima la historia y el presente de nuestra nación, a los testimonios de sobrevivientes a la barbarie; al silencio y al drama colombiano, de la cual todos somos potencialmente victimas, testigos y supervivientes.  

 

El cuerpo fragmentado, violentado, creado en “LA SAGRADA FAMILIA” sintetiza el estudio sobre el cuerpo detrás del cuerpo, sobre la muerte en vida, la fragilidad, el tiempo, lo ausente, etc. Se toma lo corpóreo como puente para pasar de lo visible hacia lo invisible, destacando así, los valores cercanos al horror generados por el trauma de la guerra; ¡horror que difícilmente se pude borrar de la memoria!, sobre entendiendo que los valores ligados al recordar son intangibles e irreparables por ser una cuestión meramente psíquica del doliente o del afectado, es decir, poseen una permanencia en el espacio mental, un espacio que de hecho es finito e infinito, íntimo e invisible al ojo humano, y que en este trabajo hace una aproximación al doliente, un acompañamiento a manera de sepulturero. 

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